...

¿Did you miss me? :)

25 de Octubre...

A 7 años de distancia te seguimos extrañando...

Na na na, na-na na na...

Dicen que esta canción cumple hoy 43 años... festejémosla pues:


Hey Jude, don’t make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

Hey Jude, don’t be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better
And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain
Don’t carry the world upon your shoulders
For well you know that it’s a fool who plays it cool
By making his world a little colder
Na na na, na na, na na na na
Hey Jude, don’t let me down
You have found her, now go and get her
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better
So let it out and let it in, hey Jude, begin
You’re waiting for someone to perform with
And don’t you know that it’s just you? Hey Jude, you’ll do
The movement you need is on your shoulder
Na na na, na na, na na na na, yeah
Hey Jude, don’t make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her under your skin
Then you begin to make it better
Better, better, better, better, better, oh!
Na na na, na-na na na
Na-na na na, hey Jude
Na na na, na-na na na
Na-na na na, hey Jude

Ring, ring...



Descolgué el teléfono y escuché un jadeo venéreo al otro lado de la línea.
- ¿Quién es?- pregunté
- Yo soy el que jadea- respondió una voz neutra, quizá algo cansada.
Colgué, perplejo, y apareció mi mujer en la puerta del salón.
- ¿Quién era?
- El que jadea- dije
- Habérmelo pasado.
- ¿Para qué?
- No sé, me da pena. Para que se aliviara un poco.
Continué leyendo el periódico y al poco volvió a sonar el aparato. Dejé que mi mujer se adelantara y sin despegar los ojos de las noticias de internacional, como si estuviera interesado en la alta política, la oí hablar con el psicópata.
- No te importe - decía -, resopla todo lo que quieras hijo, A mí no me das miedo. Si la gente fuera como tú, el mundo iría mejor. Al fin y al cabo, no matas, no atracas, no desfalcas. Y encima le das a ganar unas pesetas a la telefónica. Otra cosa es que jadearas a costa del receptor. La semana pasada telefoneó un jadeador desde Nueva York a cobro revertido. Le dije que a cobro revertido le jadeara a su madre, hasta ahí podíamos llegar. Por cierto, que Madrid ya no tiene nada que envidiar a las grandes capitales del mundo en cuestión de jadeadores. Tú mismo eres tan profesional como un americano. Enhorabuena hijo.
___________________

Este fragmento corresponde a un capítulo del libro Cuentos de adúlteros desorientados, de Juan José Millás y vino a mi mente después de quedarme un rato baboseando en la cocina viendo el viejo teléfono que cuelga en la pared y que es por cierto el de la fotografía que ilustra este post.

Este aparato trae a mi mente docenas de divertidas historias de épocas en las que no existían los identificadores de llamadas, donde se podían hacer bromas en las que lo único que se buscaba era soltar una buena carcajada, sin el afán de afectar a nadie. Era el aliado al que corrías para marcar lo más rápido posible tratando de ganar algún concurso visto en la televisión o escuchado en la radio y que te hacía llorar porque las líneas siempre estaban ocupadas y había que marcar otra vez todo el número girando el disco. Fue el cómplice perfecto para llamar al amor en turno y colgar al no saber qué decir por los nervios, rogando que se imaginara que eras tú quién llamaba; el mismo que te dejaba con la horrenda duda cuando la llamada era entrante y no emitían sonido alguno del otro lado. 


Mi abuela siempre dice: "Es el mudo marcando" y suelta una serie de maldiciones aventando el auricular contra el pobre aparato, porque a pesar del tiempo, el teléfono sigue funcionando, sigue siendo parte de la familia y de las locas aventuras que forman el día de esta casa.


El resto del cuento de JJ Millás es muy divertido y recomendable,  me encantaría transcribirlo completo, pero no sería justo que alguien terminara estrellado contra el teclado por quedarse dormido, ni me gustaría meterme en líos por derechos de autor, ja!

No hay quinto malo...

¡Este año no lo olvidé! ¡Traigan los globos, el confetti, las serpentinas, el pastel y los regalos!
Este blog está de fiesta, sí, sí, sí. Celebramos el 5° aniversario de La Caja, celebramos 5 años de compartir pura babosada con usted querido lector.
Este blog comenzó como mi refugio para desahogar penas de las cuales ya no quedan más que cicatrices cerradas, era el sitio donde venía a colocar textos inspirados en mis locas emociones y en algún extraño momento, (que aún no sé cuál fue) se convirtió en anecdotario; aquí venía ( y vengo de vez en cuando) a descargar alegrías, tristezas, ocurrencias, dudas existenciales, viejos recuerdos, mala música y hasta berrinches.
Por este sitio he conocido gente maravillosa y he tenido la fortuna de hacer grandes amigos.
Ya no le dedico el tiempo que debería por pura apatía (cosa que no me causa orgullo alguno), pero sé que cuando mis emociones necesitan refugio, siempre puedo volver a este sitio a darle libertad a todas y cada una de mis tropezadas palabras.
Ahora a cantar las mañanitas, a apagar la velita y pedir un deseo...



Ejem, ejem...

1,2,3 probando... 1,2,3, probando...
Este post ha sido editado desde una aplicación movil... ¿Algún terrícola, marciano, hombre, mujer, hobbit, vulcano, elfo, muñeco de trapo, ogro, o lo que sea que me lea?

Y de aquí al infinito...

Lo de hoy es Google+ y ¡yo no le entiendo un carajo, aún!
Estoy pensando mudarme a una cabaña en la cima de una montaña donde no haya internet porque tanta red social está aumentando mi nivel de paranoia y me da cosa volverme esquizofrénica con tantos comentarios que se convierten en voces y se quedan rebotando en mi cabeza. Ya no sé ni quién me dijo qué, ¡ni dónde! XD
¿Por qué hacen eso? Si de por sí ya estoy loca, quedaré más... Ya sé, ya sé que nadie me está obligando a formar parte de los chismógrafos modernos, así que dejaré de quejarme porque sí que me gusta estar al tanto de estos medios  y sobre todo, me sigo admirando de la rapidez con que puede viajar la información, aunque muchas veces haya que tener cuidado con la veracidad de la misma.
Ahora sé que cuando sea viejita, le podré contar a mis nietos (a los que seguramente les valdrá un cacahuate) que yo fui parte de las primeras  generaciones de bloggeros, facebookeros, twitteros, googlepluseros y etc, etc, etc de cuestiones que mis neuronas alcancen a comprender. Sobre hi5 me haré la loca porque es un error que prefiero borrar de mi historial en las redes sociales, así que ustedes shhhh... jaja.

Aviso de ocasión...

Se me resbaló mi abecedario de las manos y aún no encuentro todas las letras que se esparcieron por la caída. Si alguien las ve, por favor entrégueselas a mi muso que extraño venir a plasmarlas aquí en frases sin sentido y en historias alocadas que salían de mi imaginación directo a la pantalla a través de la punta de mis dedos...

Alguna vez...

Yo no tuve una niñez perfecta, pero fui una niña sumamente feliz! Tuve una bicicleta Apache color amarillo que me trajeron "los reyes" en la casa de mi abuelo y tuve un carrito de esos con los que te impulsabas con tus patitas para avanzar. Era una maravilla (para mí) porque era rojo, tenía claxón en el volante amarillo y la tapa del asiento se levantaba para guardar mil cosas en "la cajuela"; Yo lo bauticé como mi Boogie.
Mi tía me enseñó a patinar con unos patines metálicos en los que metías tu pie con todo y zapato y que se ajustaban a tu medida. Para que no me cayera, ella me amarraba con un trapo a la altura de la cintura y cuando yo me tropezaba, me daba un jalón hacia arriba y me evitaba el trancazo en las rodillas.
Un día de reyes les pedí en mi carta la casa de muñecas de la Barbie y oh sorpresa, que al despertarme lo que encontré en la sala fueron un montón de muebles de madera para una casita que no había llegado. Horas más tarde llegó mi tío enviado por los reyes, con una enorme casa de tres pisos, hecha también de madera y en la que ajustaban perfectamente los muebles recibidos por la mañana. Dentro de esa casa habitaba una enorme familia de playmobil que además de la mansión, contaban con un camper, un auto verde convertible y el local de una tienda de abarrotes. Esa casa se volvió mi escondite para jugar por horas enteras y la única persona con quien la llegué a compartir fue mi adorada prima.
Barbies solo tuve 2. Ambas regalos de mis tíos. Mi madre nunca me las quiso comprar porque decía que eran los juguetes más caros y corrientes que conocía. Muñecas tuve muchas, casi todas Lily Ledy... La que lloraba, la que reía, la que hablaba, la que caminaba, pero la que comía y luego se cagaba nunca me llamó la atención.
Tuve mi botiquín de doctor de Mi Alegría y también mi super juego de química. Tuve muchos cuadernos para iluminar y colores prismacolor y unos bicolores de los que mi favorito era el que tenía el color rosa de un lado y el morado del otro (ironías de la vida porque ahora no soporto el morado). También tuve plumonitos con los que dejaba mensajes escondidos dentro de mis cuadernos de la escuela.
Mi compañero de juegos era un perro de peluche que se llamaba Pulgoso y que cuando se ensuciaba, mi abuela lo destripaba y lo echaba a la lavadora.
De mascotas tuve un conejo que se llamaba Kory, un pollo y un pato que se llamaba limón. Al conejo lo hicieron mixiote (oh triste y larga historia), del pollo no me acuerdo y el pato solo duró dos días en casa porque mi mamá no podía dormir con su cuack cuack.
Jugaba mucho serpientes y escaleras, damas chinas y turista. Mi especialidad era brincar la cuerda (lo cual tiene una extensa historia digna de otro post) y era buena gimnasta.
De más pequeña me trepaba al refrigerador a morder las manzanas y ahí me quedaba por horas hasta que alguien se daba cuenta y me cargaba para poder bajar.
Tuve un robot 2XL que funcionaba con cassettes de 8 tracks y cuando llegó el Atari, mi mundo se iluminó. Tuve una cámara kodak de 110 mm que funcionaba con flashes de cubito desechables y no tengo la menor idea de qué cosas tomaba con ella.
Veía programas como La señorita Cometa, Skippy, Flipper, El capitán Cavernícola, Los pájaros patinadores, Tom Sawyer, los Duques de Hazzard, Burbujas, Chabelo y amaba Don Gato, Los locos Addams, Mi bella genio y Hechizada. Fui generación Flans y Timbiriche (no sé si debería darme pena) y mi libro favorito era Alicia en el país de las maravillas.
Me daban miedo los Gremlins, el horrendo ET y antes de irme a dormir, le ponía una tabla a mi bote de los juguetes para que los endiablados pitufos no se fueran a salir y me mataran en la mitad de la noche.
Me aventaba con mis primos en avalancha y era fan de los columpios y las resbaladillas.
Los 30 de abril eran doblemente especiales porque era el único día que el colegio nos dejaba ir sin uniforme y nos regalaba dulces y porque por las tardes, mi tío siempre me llevaba a Vips a comer un helado (un gigantesco banana split) y como 3 veces me llevé algún juguete como premio de las rifas que organizaban.
En verdad que fui una niña feliz. Nunca me faltó cariño, apapachos ni consentimientos. Sufrí lo que debía, pero en realidad disfruté más de lo que tenía. Creo que debería recordar esa parte de mi niñez con más frecuencia a estas alturas de la vida...


Nuclear Reactor Boy's Tummy Ache

La manera especial en que Japón explica a sus niños la problemática que viven con los reactores nucleares. De verdad los admiro y mis oraciones están con ellos.

No te cambiaría...

Para ti. Gracias por estar. :)
 
 
 No te cambiaría
 
Nunca pensé que llegaría a perder el norte,
y en poco tiempo me vi perdida en tu brújula,
piedras en el camino, casi nos rompen
y nuestras lágrimas juntitas curaron las pupitas.

Nos hemos hecho tan grandes, tan fuertes
que nadie en este mundo me hará perderte

Y es que la primera cualidad del amor es la fuerza,
y es que tú y yo nos tenemos
el uno al otro en las venas
y es que tenerte entre mis brazos,
me da la vida que creí casi perdida
que sentía hecha pedazos
y me ha hecho comprender
que eres tan tan importante
que no te cambiaría
ni por la luz del sol.

Y tú, has bebido de mis lágrimas,
he bebido de las tuyas
y ahora estás dentro de mi
y ahora estoy dentro de ti.
Y a ningún viento del norte
le daremos pasaporte
antes de helarnos con sus zarpas,
fundiremos su garganta.. 
 
Y es que la primera cualidad del amor es la fuerza,
y es que tú y yo nos tenemos
el uno al otro en las venas
y es que tenerte entre mis brazos,
me da la vida que creí casi perdida
que sentía hecha pedazos
y me ha hecho comprender
que eres tan tan importante
que no te cambiaría
ni por la luz del sol. 

Del tingo al tango...

Mi cumpleaños fue el 11 y sigo festejando! Si en los pueblos festejan por varios días, yo por qué no habría de hacerlo?
Ese día desayuné con mis madres en uno de mis sitios favoritos y por la noche me escapé a echar chelita, cantar y bailar con un grandioso grupo de señores twitteros con los que se tiene la fiesta garantizada.
Un día después tuve una cena más tranquilita con uno de mis mejores amigos, su mujer y Pepo y las carcajadas fueron las principales protagonistas de la noche, sobre todo porque mi adorado amigo tuvo el detalle de hornearme un pastel de queso que se le quemó un poquito. Pobrecito, fue la botana de la noche con aquello de que el sabor a resistencia le dió un toque especial al pastel aunque la verdad es que no sabía para nada a quemado.
El domingo Pepo me llevó a desayunar a Coyoacán aunque no sé por qué si ese lugar ni me gusta, jajajaja... Y me dí un tremendo atracón de unas ricas enfrijoladas, jugo de naranja y cafecito de olla. Ese mismo día por la tarde me colé en una reunión de puros caballeros en el Salón Corona y sigo pensando en la posibilidad de volverme millonaria chantajéandolos con difundir todas las bromas y pláticas que escuché en esa mesa! 
El fin de semana del 19, el festejo se volvió doble porque es cumple de mi prima. Tenía tantos años sin poder compartir y festejar con ella nuestros cumples, que me divertí mucho echando chelita (otra vez) con ella y sus amigos. Solo íbamos un ratito y el ratito se corrió hasta las 4 de la mañana.
Al otro día, la cruda de la desvelada (porque claro que fue la desvelada) fue curada con un rico pozolito preparado por la abuela en honor a las cumpleañeras. Un día totalmente familiar, pero de esos que te dejan los mejores recuerdos. Hasta ese momento hubo pastel y fue muy divertido compartirlo con ella como cuando éramos niñas aunque se me olvidó pedir deseo por estar en el relajo.
Y así, entre festejos y carcajadas, reencuentros con grandes amigos, felicitaciones, toneladas de abrazos y buenos deseos es como se me ha ido Febrero. Qué lástima! Podría seguir enfiestada por unos fines de semana más sin ningún problema!


Cerrando Enero...

Comencé el año bien macha como la Tucita y me dejé realizar dos cirugías menores para avanzar en mi tratamiento de ortodoncia.
Lo primero para lo que me tuve que aguantar, fue para el tratamiento de  inyecciones de antibiótico que el adorado doctor Bryan me envió, porque justo unos días antes de la cirugía, andaba con una infección en la garganta y obviamente si no mejoraba pronto, no me podrían operar. Dijo que dolería y yo muy ingenua pensé que me estaba engañando, pero nooooo, vaya que me acordé de él y su familia los siguientes seis días! Jajaja. En fin, todo fue por mi bien y de verdad se lo agradezco. :)
La primera de las cirugías fue hace tres semanas; me quitaron las dos muelas inferiores del juicio y hasta eso no me fue mal. Quitando el que tuve look de hámster como tres días, ésta vez me suturaron y la cicatrización fue más rápida que hace año y medio cuando me quitaron los premolares y que me aventé casi un mes con problemas porque las condenadas heridas del lado derecho no querían cerrar.
La segunda cirugía fue el viernes pasado. Una frenoctomía que en mi caso consistió en cortar la parte fibrosa del frenillo que no permitía que los dientes centrales se junten por completo. Me hicieron tres pequeños cortes, uno en el paladar, otro en el frenillo que está entre la encía y labio y el último entre los dientes centrales. De los tres me quitaron unos pedacitos de tejido que estaban bastante duros y que tenían una textura extraña. La única sutura que traigo es entre la encía y el labio y fue extraño porque aunque no me dolió por la anestesia, sentía muy bien los cortes que el dentista me estaba haciendo.
El detalle que había que tomar en cuenta de la frenoctomía, es que ésta debía realizarse justo un día antes de mi cita con el ortodoncista para evitar que la herida comenzara a cicatrizar y se volviera a formar el tejido. Así que el viernes fue la recortada y el sábado ya estaba sentadita de nuevo en el consultorio esperando que me revisaran y que me cambiaran todo mi alambrerío.
Todo iba bien hasta ahí, pero con el cambio de ligas, arco y bla, bla, bla, más la cicatrizada de la herida, he traído un tremendo dolor que no me ha dejado ni comer y como obviamente los dientes centrales ya empezaron a moverse, eso hace que el dolor sea todavía más intenso.
El próximo viernes tengo cita para que me quiten los puntos, así que mientras el día llega y el dolor disminuye, yo seguiré a dieta de gelatinas, licuados, consomé de pollo y papillas de fruta acompañadas de una buena y consistente dosis de ibuprofeno!
Ni modo, todo sea por tener una linda y sana sonrisa... Lo siento por los que están a mi alrededor porque si de por sí casi no me aguantan, ahora que ya estoy desjuiciada y desenfrenada, menos me van a aguantar! U.U

Un adverbio se le ocurre a cualquiera...

Quien me ha seguido un tiempecillo por este blog, sabe de mi admiración por el señor Juan José Millás y su narrativa. Hoy vengo a compartirles un poco de su escritura en este artículo publicado en la revista española Interviu, el 4 de mayo del 2009 y que lo hizo ganador de el Premio Don Quijote de periodismo, en su natal España. Ojalá les guste. :)

Un adverbio se le ocurre a cualquiera.
Hemingway cobraba los artículos por palabras. A tanto el término, lo mismo daba que fueran adjetivos que sustantivos, preposiciones que adverbios, conjunciones que artículos. No recuerdo de dónde saqué esa información, hace mil años (cuando ni siquiera sabía quién era Hemingway), pero me impresionó vivamente. En mi barrio había una tienda de ultramarinos, una mercería, una droguería, una panadería, una lechería… Pero no había ninguna tienda de palabras. ¿Por qué, tratándose de un negocio tan lucrativo, como demostraba el tal Hemingway? Para vender leche o pan, pensaba yo, era preciso depender de otros proveedores a los que lógicamente había que pagar, mientras que las palabras estaban al alcance de todos, en la calle o en el diccionario.
Imaginé entonces que ponía una tienda de palabras a la que la gente del barrio se acercaba después de comprar el pan. Sólo que yo las vendía a precios diferentes. Las más caras eran los sustantivos, porque sustantivo, suponía yo, venía de sustancia. Si la sustancia de una frase dependía de esta parte de la oración, lo lógico era que valiera más. Después del sustantivo venía el verbo y, tras el verbo, el adjetivo. A partir de ahí, los precios estaban tirados. Cuando un cliente, en mis fantasías, compraba tres sustantivos, le regalaba cuatro o cinco conjunciones, para fidelizarlo. Mi padre, que era agente comercial, utilizaba mucho el verbo fidelizar. ¿De dónde, si no, iba a sacar yo esa rareza gramatical? En mi tienda imaginaria había también un apartado de palabras inexistentes, para gente caprichosa o loca. Aún recuerdo algunas: copribato, rebogila, orgáfono, piscoteba, aguhueco, escopeja…
El negocio imaginario iba bien. Todo el mundo necesitaba mis palabras. Al poco de inaugurar la tienda tuve que contratar dos empleados porque no daba abasto. Luego compré el piso de arriba para ampliar el negocio, pues llegó un momento en el que la gente me pedía también frases. Puse en el sótano un taller con cuatro gramáticos que se pasaban el día construyendo oraciones. Las había de muchos precios, claro. Las frases hechas eran las más baratas. Recuerdo, entre las que tuvieron más éxito, en boca cerrada no entran moscas y no rascar bola, pero a mí me gustaban mucho también leerle a alguien la cartilla, ser un hueso duro de roer, chupar cámara, pelillos a la mar, o mi sastre es rico. El precio de las frases aumentaba a medida que resultaban menos comunes, o más raras. Por alguna razón que no llegué a entender, había mucha demanda de frases absurdas. Me duelen los zapatos, por ejemplo, los espejos fabrican harina orgánica, o las cremalleras son menos sentimentales que los botones. Con el tiempo tuve que crear un departamento dedicado de manera exclusiva a la construcción de frases absurdas.
La idea de la tienda de palabras y frases me resultó muy liberadora, pues siempre pensé que ganarse la vida era condenadamente difícil. El mayor miedo de mi infancia era el de acabar en una esquina, vendiendo pañuelos de papel. Un día que mi madre, tras suspirar con expresión de lástima, se preguntó en voz alta qué iba a ser de mí, le dije que no se preocupara, pues había decidido que iba a poner una tienda de palabras. Tras meditar unos instantes, me dijo que eso era un disparate y que debía poner mis energías en cuestiones prácticas. Ahí acabó mi sueño de vender palabras. Luego, de mayor, comprobé que los anuncios por palabras constituían un capítulo muy importante en la cuenta de resultados de los periódicos. Pero no le dije nada a mamá, para que no se sintiera culpable.
De todos modos, acabé viviendo de las palabras. No tengo una tienda abierta al público, tal como soñaba entonces, pero me levanto por las mañanas, las ordeno en un papel, las envío al periódico o a la editorial y me pagan por ellas. A tanto la pieza. Una pieza es un artículo. El término pieza se utiliza también entre los cazadores para denominar a los animales abatidos. La semejanza es correcta, pues escribir un texto se parece mucho a cazarlo. De hecho, con frecuencia se nos escapa. La otra noche, en la cama, con los ojos cerrados, pasó volando por mi bóveda craneal un artículo estupendo. Me levanté, cogí un cuaderno que tengo en la mesilla, apunté con el bolígrafo, pero la pieza había desaparecido. Desde la utilización masiva de los ordenadores, contamos los artículos por palabras. Éste que están ustedes leyendo tendrá unas 4.700. Puedo calcular a cuánto me sale la palabra y decir que cobro en plan Hemingway. Pero me sigue pareciendo mal que me paguen lo mismo por un sustantivo que por un adverbio. Un adverbio se le ocurre a cualquiera. 
Fuente: http://www.interviu.es/opinion/papel-mojado/un-adverbio-se-le-ocurre-a-cualquiera/

Te sabes la de...

Hace unos días ví en un canal de cierta cadena de televisión, un spot en el que invitaban a los papás a llevar a sus hijos a una audición porque están buscando a la nueva generación de "estrellas". "Si tu hijo canta, actúa, baila o hace alguna gracia como changuito, traélo, lo andamos buscando".
Ya estaba preparada para despotricar, pero tuve que contenerme y morderme la lengua porque llegó a mi mente una historia de terror de esas que debieron quedarse olvidadas en el limbo acompañando a los extraños momentos en que no sabes si estás despierto o si tienes una pesadilla.
Alguna vez, allá por los chochentas cuando yo era niña, hubo una convocatoria similar a la que están promocionando, de hecho, era la misma cadena de televisión.  Buscaban niños que fueran los nuevos talentos en un programa de chiquillos para que reemplazaran a los que ya eran adolescentes y que tenían que salir del aire.
La leyenda cuenta que yo pedí que me llevaran a audicionar, la realidad, no me acuerdo si fui yo o si fue idea de mi mamá, pero el caso es que asistí al dichoso casting.
Recuerdo que llegamos temprano, pero aún así, nos tocó caminar varias cuadras para llegar al final de la fila. Pasaron las horas y paso a pasito nos acercábamos a la casa donde sería la audición. De repente de entre el tumulto de gente, apareció una señora que resultó ser excompañera de la secundaria de mi mamá. 
La señora, obviamente, iba a lo mismo que nosotras, llevaba con ella una niña de mi edad de la que presumía y aseguraba que sería el siguiente talento de la televisión mexicana. 
La estrellita aquella (de acuerdo a la verborrea de la madre) tomaba clases de música, de baile, de canto, de actuación. Tenía dos hermanos mayores que por la edad ya no entraban en esta convocatoria, pero que salían en obras de teatro de la escuela, cantaban como coristas en no sé dónde demonios y seguramente encontrarían su oportunidad también dentro del mundo del espectáculo. 
¿Yo? yo solo había tomado ballet,  las únicas clases de canto que había tomado eran en la primaria y la única vez que había tomado un micrófono en mi vida había sido a los 3 años jugando con mi mamá para grabar un cassette con canciones que había aprendido en el kinder.
El tiempo seguía pasando, la señora con el pretexto del bla, bla, bla se metió a la fila y horas después de estar formados, salió una persona a decir que el casting se había terminado por ese día, pero que darían los últimos 100 números para que la siguiente semana los papás volvieran a llevar a audicionar a los afortunados. Para buena suerte de la colada, alcanzamos numerito, así que las madres se despidieron y quedamos de vernos la siguiente semana para dar un paso más en nuestra carrera artística.
La siguiente audición yo llegué exactamente igual que en la anterior, sin saber ni qué onda, pero la mamá de la niña estrella contó que ellas llevaban preparadas 3 rutinas: una de canto, una de baile y otra de actuación. Dijo que le había pagado clases extras a su Miss de canto y que los hermanos de la niña la habían ayudado a montar una coreografía y una escena de no sé qué cuento para niños. 
Yo iba de jeans, zapatitos y coletas; ella llevaba todo un vestuario, peinado y maquillaje.
La fila empezó a avanzar y llegamos a la puerta. Nos juntaron en pequeños grupos y nos formaron en la entrada del foro. Cuando llegó nuestro turno y para evitar que los nervios se hicieran más grandes, a las mamás las mandaban a una salita situada a la salida, allí tenían que esperarnos y desde allí podían ver la audición en unos monitores.
Mi madre me deseó suerte y a la niña estrella le rezaron un rosario entero, le dieron instrucciones de última hora y la hicieron repetir su diálogo por última vez para saber que no lo había olvidado. 
La cortina se abrió y el show comenzó. Ahí estaban las cámaras, los micrófonos, los reflectores, los productores y los técnicos que acomodaban toda la escenografía dependiendo de lo que fuera a hacer el niño. 
Yo pasaría primero. El niño antes que yo estaba por terminar su rutina cuando sentí que una manita fría tomaba la mía, era la niña estrella. Cuando volteé a verla me preguntó:
Niña estrella- ¿Qué vas a hacer?
Yo- No sé, supongo que a cantar.
N- Aahhhh...  Oye, ¿y si decimos que somos hermanitas y paso contigo?
Y- Pues si quieres, pero yo no me sé las rutinas que tú sabes.
N- No importa, me las aprendí por mi mamá, pero dime ¿qué vamos a cantar?
Y- ¿Te sabes la de Ay amor de Flans?
N- Sí
Y- Ah, pues si quieres esa.
N- Sí, sí quiero, esa me gusta yo creo que estará bien. 
Llegó el turno, nos recibió una muchacha, nos paró enmedio del foro y un señor detrás de la cámara nos preguntó nuestro nombre y que qué íbamos a hacer.
Y- "Somos hermanitas y vamos a cantar Ay amor de Flans"
Acto seguido, se apareció un técnico que nos dio un micrófono a cada una, se encendió el reflector y con la afinación más desafinada del mundo, nos aventamos Ay amor de Flans, a capella. 
Cuando terminamos, los técnicos aplaudieron, regresamos el micrófono, dimos las gracias y nos dirigimos a la salida. Hasta ese momento, fue cuando la niña estrella, me soltó la mano.
Cuando llegamos a la salita, yo iba feliz como lombriz a contarle a mi mamá que había cantado para la cámara, pero a la niña estrella no le fue nada bien. Su madre estaba en shock, enojada, con la cara que parecía que le iba a estallar. Recuerdo que le puso una regañiza; acababa de echar por el caño su carrera artística, ya podía olvidarse de salir en televisión y ser un gran talento! La tomó de la mano, la hizo despedirse de nosotras y se la llevó de un jalón.
Para colmo de la mala suerte de la mamá, las audiciones fueron transmitidas el siguiente fin de semana en horario estelar del programa de los Domingos, yo fui feliz de verme cantar horriblemente en televisión, pero de la niña estrella, no volví a saber nada jamás.
The End...

01.01.2011

Primer propósito de año nuevo: Retomar la escritura en este blog... 
¡Propósito cumplido! ¡Qué rápida me he vuelto en este 2011 para cumplir lo que me propongo! jajajajajajaja....