Durante la tarde intenté 2 veces escribirle unas frases y ninguna de las 2 entradas me gustó. Les daba muchas vueltas cuando en realidad solo quería darle las gracias por hacerme feliz de niña! Por abrazarme cada vez que iba a visitarlo, por ser mi cómplice en la tienda de abarrotes que tenía y cuando me cargaba para subirme al mueble de los dulces y ayudarme a bajar las sabritas del anaquel!
Me acordé de aquellas veces que me llevaba a comprar tortillas recién hechecitas y que ahí en su tienda, sacaba una pieza grande de jamón y la rebanaba para prepararme unos sencillos taquitos de jamón con queso que para mí se volvían un manjar que siempre iba acompañado con una chaparrita de piña!
Él me daba "mi domingo" cada fin de semana, me regaló mi triciclo y mi primera bicicleta (era amarilla y era de marca APACHE y vaya que duró y duró por eternos años). También me regaló un pequeño sillón para niños. Era azul y en el forro tenía a MacPato contando sus docenas de monedas! Ese sillón era la neta porque estaba hecho de hule espuma y todos mis primos peleaban por él. Era como el trono para un rey al ver la tele.
Mi abuelo perdió su tienda por un accidente. Una tarde al acomodar unas cajas de refrescos, una se le vino encima y le golpeo la cabeza. Por ese incidente, mis tíos decidieron que era momento de cerrar el negocio y se lo llevaron a vivir a casa de uno de ellos en Coacalco y aunque allí también le pusieron su tienda, las cosas ya no fueron iguales. Su salud empezó a decaer y con el tiempo tenía que caminar con un bastón y una muleta y aguantar el dolor por artritis.
Mi abuelo ya no era tan feliz desde que vivió allí porque además pasaba mucho tiempo solo. Nosotras seguíamos visitándolo cada domingo, pero no era suficiente.
El falleció un día después de mi cumpleaños, cuando cumplí 16 años y fue, de mi familia cercana, la primera muerte con la que me topé de frente.
No sé de dónde salió esa insistencia de hablar hoy sobre él. Tal vez venga de ese huequito en los recuerdos y en el corazón que te hace darte cuenta que aunque las personas se vayan y pasen mil años, siempre se quedarán contigo, guardadas en tu mente, atesoradas en el corazón y esperando que vuelvas a verlas aunque sea sólo en una vieja, desenfocada y detereriorada fotografía...








