See you soon!

Dicen que todo en esta vida son ciclos y que como tales, tenemos que estar conscientes de que habrá un momento en que se deban terminar.

Hace algunos ayeres cuando abrí este blog, la intención que buscaba era el poder desahogar todas mis emociones acumuladas, todo el berrinche y los malos ratos que me traía el desamor! Hacerle una limpia a mis ideas enmarañadas y hasta escribir uno que otro post dedicados a la gente que me importaba.
El chiste es que todo fue evolucionando... Poco a poco el dolor de sentirse rechazada y no querida fue aminorando en parte por escribir y en parte por un tratamiento de analgésicos para el alma (mejor conocidos como antidepresivos) que me envió el psiquiatra y así el blog fue cambiando de sentido para volverse el lugar ideal para venir a compartir parte de mi vida, mis desgracias cotidianas, mis enojos y tristezas, mis simplezas y sarcasmos y todas aquellas cosas que me arrancaban sonrisas día a día...
Por este sitio conocí gente maravillosa que con el paso de los posts se volvieron grandes amigos, como Micky Boris y MNG y que aunque no los vea seguido, sé que están en algún rincón de la red escondidos y que si los busco, ahí estarán para apoyarne.
En fin, el caso es que por ahora, este blog se queda hasta aquí. Aún no sé si temporal o definitivamente, pero aquí lo dejo.
Como dije al principio, la vida está llena de ciclos y el ciclo de mi caja ya se cumplió.
Lo mejor es despedirse con una buena noticia y saber que lo dejo porque las prioridades en mi vida han cambiado desde hace 5 meses debido a la que será la llegada del más grande regalo que me pueda dar la vida y que con mucho gusto y amor estoy esperando..
De aquella tristeza con que abrí este blog, ya no queda mas que el recuerdo. En este momento la vida me sonríe y soy más feliz de lo que pude imaginar alguna vez. Tengo a mi lado a alguien que me ama y espera con la misma intensidad que yo el momento de la llegada, además de todos los amigos y familia que comparten mi alegría.
Sé que en algún punto retomaré el teclado porque las cosas que estoy viviendo en esta nueva aventura son dignas de compartir, pero no estoy segura de hacerlo en este espacio, así que muchas gracias a todos los que pasaron alguna vez por este Blog para leer mis burradas, para reir conmigo y para dejar sus comentarios! Amenazo con volver al mundo blogguero, así que: Nos leemos pronto!

...

¿Did you miss me? :)

25 de Octubre...

A 7 años de distancia te seguimos extrañando...

Na na na, na-na na na...

Dicen que esta canción cumple hoy 43 años... festejémosla pues:


Hey Jude, don’t make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better

Hey Jude, don’t be afraid
You were made to go out and get her
The minute you let her under your skin
Then you begin to make it better
And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain
Don’t carry the world upon your shoulders
For well you know that it’s a fool who plays it cool
By making his world a little colder
Na na na, na na, na na na na
Hey Jude, don’t let me down
You have found her, now go and get her
Remember to let her into your heart
Then you can start to make it better
So let it out and let it in, hey Jude, begin
You’re waiting for someone to perform with
And don’t you know that it’s just you? Hey Jude, you’ll do
The movement you need is on your shoulder
Na na na, na na, na na na na, yeah
Hey Jude, don’t make it bad
Take a sad song and make it better
Remember to let her under your skin
Then you begin to make it better
Better, better, better, better, better, oh!
Na na na, na-na na na
Na-na na na, hey Jude
Na na na, na-na na na
Na-na na na, hey Jude

Ring, ring...



Descolgué el teléfono y escuché un jadeo venéreo al otro lado de la línea.
- ¿Quién es?- pregunté
- Yo soy el que jadea- respondió una voz neutra, quizá algo cansada.
Colgué, perplejo, y apareció mi mujer en la puerta del salón.
- ¿Quién era?
- El que jadea- dije
- Habérmelo pasado.
- ¿Para qué?
- No sé, me da pena. Para que se aliviara un poco.
Continué leyendo el periódico y al poco volvió a sonar el aparato. Dejé que mi mujer se adelantara y sin despegar los ojos de las noticias de internacional, como si estuviera interesado en la alta política, la oí hablar con el psicópata.
- No te importe - decía -, resopla todo lo que quieras hijo, A mí no me das miedo. Si la gente fuera como tú, el mundo iría mejor. Al fin y al cabo, no matas, no atracas, no desfalcas. Y encima le das a ganar unas pesetas a la telefónica. Otra cosa es que jadearas a costa del receptor. La semana pasada telefoneó un jadeador desde Nueva York a cobro revertido. Le dije que a cobro revertido le jadeara a su madre, hasta ahí podíamos llegar. Por cierto, que Madrid ya no tiene nada que envidiar a las grandes capitales del mundo en cuestión de jadeadores. Tú mismo eres tan profesional como un americano. Enhorabuena hijo.
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Este fragmento corresponde a un capítulo del libro Cuentos de adúlteros desorientados, de Juan José Millás y vino a mi mente después de quedarme un rato baboseando en la cocina viendo el viejo teléfono que cuelga en la pared y que es por cierto el de la fotografía que ilustra este post.

Este aparato trae a mi mente docenas de divertidas historias de épocas en las que no existían los identificadores de llamadas, donde se podían hacer bromas en las que lo único que se buscaba era soltar una buena carcajada, sin el afán de afectar a nadie. Era el aliado al que corrías para marcar lo más rápido posible tratando de ganar algún concurso visto en la televisión o escuchado en la radio y que te hacía llorar porque las líneas siempre estaban ocupadas y había que marcar otra vez todo el número girando el disco. Fue el cómplice perfecto para llamar al amor en turno y colgar al no saber qué decir por los nervios, rogando que se imaginara que eras tú quién llamaba; el mismo que te dejaba con la horrenda duda cuando la llamada era entrante y no emitían sonido alguno del otro lado. 


Mi abuela siempre dice: "Es el mudo marcando" y suelta una serie de maldiciones aventando el auricular contra el pobre aparato, porque a pesar del tiempo, el teléfono sigue funcionando, sigue siendo parte de la familia y de las locas aventuras que forman el día de esta casa.


El resto del cuento de JJ Millás es muy divertido y recomendable,  me encantaría transcribirlo completo, pero no sería justo que alguien terminara estrellado contra el teclado por quedarse dormido, ni me gustaría meterme en líos por derechos de autor, ja!

No hay quinto malo...

¡Este año no lo olvidé! ¡Traigan los globos, el confetti, las serpentinas, el pastel y los regalos!
Este blog está de fiesta, sí, sí, sí. Celebramos el 5° aniversario de La Caja, celebramos 5 años de compartir pura babosada con usted querido lector.
Este blog comenzó como mi refugio para desahogar penas de las cuales ya no quedan más que cicatrices cerradas, era el sitio donde venía a colocar textos inspirados en mis locas emociones y en algún extraño momento, (que aún no sé cuál fue) se convirtió en anecdotario; aquí venía ( y vengo de vez en cuando) a descargar alegrías, tristezas, ocurrencias, dudas existenciales, viejos recuerdos, mala música y hasta berrinches.
Por este sitio he conocido gente maravillosa y he tenido la fortuna de hacer grandes amigos.
Ya no le dedico el tiempo que debería por pura apatía (cosa que no me causa orgullo alguno), pero sé que cuando mis emociones necesitan refugio, siempre puedo volver a este sitio a darle libertad a todas y cada una de mis tropezadas palabras.
Ahora a cantar las mañanitas, a apagar la velita y pedir un deseo...



Ejem, ejem...

1,2,3 probando... 1,2,3, probando...
Este post ha sido editado desde una aplicación movil... ¿Algún terrícola, marciano, hombre, mujer, hobbit, vulcano, elfo, muñeco de trapo, ogro, o lo que sea que me lea?

Y de aquí al infinito...

Lo de hoy es Google+ y ¡yo no le entiendo un carajo, aún!
Estoy pensando mudarme a una cabaña en la cima de una montaña donde no haya internet porque tanta red social está aumentando mi nivel de paranoia y me da cosa volverme esquizofrénica con tantos comentarios que se convierten en voces y se quedan rebotando en mi cabeza. Ya no sé ni quién me dijo qué, ¡ni dónde! XD
¿Por qué hacen eso? Si de por sí ya estoy loca, quedaré más... Ya sé, ya sé que nadie me está obligando a formar parte de los chismógrafos modernos, así que dejaré de quejarme porque sí que me gusta estar al tanto de estos medios  y sobre todo, me sigo admirando de la rapidez con que puede viajar la información, aunque muchas veces haya que tener cuidado con la veracidad de la misma.
Ahora sé que cuando sea viejita, le podré contar a mis nietos (a los que seguramente les valdrá un cacahuate) que yo fui parte de las primeras  generaciones de bloggeros, facebookeros, twitteros, googlepluseros y etc, etc, etc de cuestiones que mis neuronas alcancen a comprender. Sobre hi5 me haré la loca porque es un error que prefiero borrar de mi historial en las redes sociales, así que ustedes shhhh... jaja.

Aviso de ocasión...

Se me resbaló mi abecedario de las manos y aún no encuentro todas las letras que se esparcieron por la caída. Si alguien las ve, por favor entrégueselas a mi muso que extraño venir a plasmarlas aquí en frases sin sentido y en historias alocadas que salían de mi imaginación directo a la pantalla a través de la punta de mis dedos...

Alguna vez...

Yo no tuve una niñez perfecta, pero fui una niña sumamente feliz! Tuve una bicicleta Apache color amarillo que me trajeron "los reyes" en la casa de mi abuelo y tuve un carrito de esos con los que te impulsabas con tus patitas para avanzar. Era una maravilla (para mí) porque era rojo, tenía claxón en el volante amarillo y la tapa del asiento se levantaba para guardar mil cosas en "la cajuela"; Yo lo bauticé como mi Boogie.
Mi tía me enseñó a patinar con unos patines metálicos en los que metías tu pie con todo y zapato y que se ajustaban a tu medida. Para que no me cayera, ella me amarraba con un trapo a la altura de la cintura y cuando yo me tropezaba, me daba un jalón hacia arriba y me evitaba el trancazo en las rodillas.
Un día de reyes les pedí en mi carta la casa de muñecas de la Barbie y oh sorpresa, que al despertarme lo que encontré en la sala fueron un montón de muebles de madera para una casita que no había llegado. Horas más tarde llegó mi tío enviado por los reyes, con una enorme casa de tres pisos, hecha también de madera y en la que ajustaban perfectamente los muebles recibidos por la mañana. Dentro de esa casa habitaba una enorme familia de playmobil que además de la mansión, contaban con un camper, un auto verde convertible y el local de una tienda de abarrotes. Esa casa se volvió mi escondite para jugar por horas enteras y la única persona con quien la llegué a compartir fue mi adorada prima.
Barbies solo tuve 2. Ambas regalos de mis tíos. Mi madre nunca me las quiso comprar porque decía que eran los juguetes más caros y corrientes que conocía. Muñecas tuve muchas, casi todas Lily Ledy... La que lloraba, la que reía, la que hablaba, la que caminaba, pero la que comía y luego se cagaba nunca me llamó la atención.
Tuve mi botiquín de doctor de Mi Alegría y también mi super juego de química. Tuve muchos cuadernos para iluminar y colores prismacolor y unos bicolores de los que mi favorito era el que tenía el color rosa de un lado y el morado del otro (ironías de la vida porque ahora no soporto el morado). También tuve plumonitos con los que dejaba mensajes escondidos dentro de mis cuadernos de la escuela.
Mi compañero de juegos era un perro de peluche que se llamaba Pulgoso y que cuando se ensuciaba, mi abuela lo destripaba y lo echaba a la lavadora.
De mascotas tuve un conejo que se llamaba Kory, un pollo y un pato que se llamaba limón. Al conejo lo hicieron mixiote (oh triste y larga historia), del pollo no me acuerdo y el pato solo duró dos días en casa porque mi mamá no podía dormir con su cuack cuack.
Jugaba mucho serpientes y escaleras, damas chinas y turista. Mi especialidad era brincar la cuerda (lo cual tiene una extensa historia digna de otro post) y era buena gimnasta.
De más pequeña me trepaba al refrigerador a morder las manzanas y ahí me quedaba por horas hasta que alguien se daba cuenta y me cargaba para poder bajar.
Tuve un robot 2XL que funcionaba con cassettes de 8 tracks y cuando llegó el Atari, mi mundo se iluminó. Tuve una cámara kodak de 110 mm que funcionaba con flashes de cubito desechables y no tengo la menor idea de qué cosas tomaba con ella.
Veía programas como La señorita Cometa, Skippy, Flipper, El capitán Cavernícola, Los pájaros patinadores, Tom Sawyer, los Duques de Hazzard, Burbujas, Chabelo y amaba Don Gato, Los locos Addams, Mi bella genio y Hechizada. Fui generación Flans y Timbiriche (no sé si debería darme pena) y mi libro favorito era Alicia en el país de las maravillas.
Me daban miedo los Gremlins, el horrendo ET y antes de irme a dormir, le ponía una tabla a mi bote de los juguetes para que los endiablados pitufos no se fueran a salir y me mataran en la mitad de la noche.
Me aventaba con mis primos en avalancha y era fan de los columpios y las resbaladillas.
Los 30 de abril eran doblemente especiales porque era el único día que el colegio nos dejaba ir sin uniforme y nos regalaba dulces y porque por las tardes, mi tío siempre me llevaba a Vips a comer un helado (un gigantesco banana split) y como 3 veces me llevé algún juguete como premio de las rifas que organizaban.
En verdad que fui una niña feliz. Nunca me faltó cariño, apapachos ni consentimientos. Sufrí lo que debía, pero en realidad disfruté más de lo que tenía. Creo que debería recordar esa parte de mi niñez con más frecuencia a estas alturas de la vida...